"Allá lejos, en la línea, como trazada por un lápiz azul, que separa las aguas y los cielos, se iba hundiendo el sol, con sus polvos de oro y sus torbellinos de chispas purpuradas, como un gran disco de hierro candente."
Darío, Rubén. Libro Azul, "El Fardo".
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Estrujar como toalla de baño estilando, diariamente, los ánimos que salieron es busca del sacapuntas que no encontraron. Levantar cada trozo de mina caído por medio de movimientos ligeros, evitando que los pies se petrifiquen en un respectivo suelo. Ir en búsqueda del punto exacto donde he fijado mi atención en el aire... un viento costero me lo ha indicado en secreto... tan secreto que Nadie lo sabe.
Me hallas en frente de la historia que no se ha escrito, de esa en la que vierto mi tiempo perdido. Aquí estoy, aún... con dedos para escribir sobre los lunares que me han invadido durante los años de andanzas superficiales. ¿Las huellas?... de ellas no se sabe si han sido conservadas en el museo que la tierra fértil estructuraba cuando se encontraba sumida en la verdad verídica e ignorante... acompañada de quién sabe qué clase de pasante.
Flotan las vaguedades sobre la superficie de mi atmósfera... inseguridades que sobresalen en el modo de fijar la mirada en un alguien... distante, con miedo... hace un tiempo no me he dejado de enterar de las carcasas de personajes, pero eso no me vale. Pido que vuelva la instancia real, aquella que nos causaba hablar más allá de la impostación de la voz, cuando anunciaba el silencio la llegado de la confianza mayor sin que dejase haber un nosotros.
Siéntete aludido sobra de contraluz, tú que no tienes rostro y es solo una mancha en en color de un atardecer... me refiero a ti, lombriz que patea las piedras que junté para lanzarlas sobre la herida que interrumpe la llegada de mi mano sobre el hombro que sostiene las armas que me han amarrado al deseo de juntarme con la letra mayúscula del primer guión.
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